Una ciudad llena de ruinas y monumentos que dan fe de su antiguo esplendor y sus incalculables obras de arte

    Roma es la capital de la República Italiana, así como enclave de la Ciudad del Vaticano, un estado independiente y soberano. La ciudad surgió a mediados del siglo VIII a. C. y fue gérmen de la República y el Imperio romano. Su importancia es enorme y su centro histórico, donde se entremezclan restos de casi tres milenios, ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y congrega cada año a millones de visitantes.

Pero también es una ciudad abandonada y sucia, es triste pero cierto, es una de las ciudades más  abandonadas que he visitado, está en un estado lamentable como ciudad y el patrimonio abandonado. Y si, a su lamentable estado le añadimos los cutrícimos, molestos y malencarados soldados romanos que en cada enclave te intentan sacar dinero de la forma más vulgar y descarada, y a la gran masificación de turistas que abarrotan los espacios monumentales, museos, calles y plazas hasta decir basta, y un pintoresco tráfico para el cual no hay normas, la visita a Roma se antoja muy desagradable. Roma es en estos momentos, una ciudad convertida en souvenir.

Pasear y vagar sin una meta precisa por el considerado núcleo del centro histórico es casi un milagro, pero serpenteando entre los millones de turistas y carteristas encontrarás monumentales plazas ruidosas, edificios majestuosos, lugares insólitos, museos famosos o pequeñas iglesias con grandes obras de arte,  algunas albergan en su interior obras de Caravaggio, Miguel Ángel y Raffaello.

Ésta es, sin lugar a dudas, la zona de Roma más famosa y más concurrida, los turistas no renuncian, ni renunciarán, a una visita a la alegre Plaza Navona, adornada con sus famosas fuentes y en la que pululan artistas callejeros, pintores, y bueno, también caricaturistas; o darse un paseo por el Panteón, en la fotografía su ya clásica cubierta con óculo, otro de los símbolos de Roma junto al Coliseo; o tomarse una copa en Campo de’ Fiori, esa plaza tan vital y coloreada, donde por la noche se dan cita muchos jóvenes para tomarse un aperitivo o un refresco después de cenar.

 

 

Pero este barrio también cuenta con muchas sedes institucionales italianas, como el Senado y la Cámara de los Diputados; y extranjeras, como el maravilloso Palacio Farnesio, sede de la Embajada de Francia, o la Embajada de Brasil, con una presencia nutrida de cafeterías, bares, restaurantes con terrazas, pizzerías y otros locales de ocio muy de moda. Y si vamos unas calles más allá nos encontraremos casi sin quererlo con la famosísima Fontana Di Trevi, la célebre fuente de estilo rococó que fue iniciada por Nicola Salvi  (que ganó el concurso propuesto por el papa Clemente XII) en 1732 y que fue terminada en 1762 por Giuseppe Pannini. Como todo el mundo sabe la fuente fue la protagonista de una de las escenas más recordadas de la película de Fellini “la dolce vita” en la cual una provocativa Anita Ekberg con un vestido negro se baña en las aguas de la fuente mientras llama a Marcello Mastroianni.

Después de pasear por el centro más callejero podéis sumergiros en la Antigua Roma, monumentos milenarios y espléndidas áreas arqueológicas se extienden por la zona que va desde el Coliseo al Capitolio.

El monumento principal de este recorrido es, sin lugar a dudas, el Coliseo, el símbolo más importante de Roma, que cada año acoge a miles, no, millones de visitantes.

Para visitar este monumento es aconsejable adquirir con anterioridad la tarjeta Roma Pass, que además de ofrecer la entrada gratuita a dos museos o monumentos a elegir, prevé un acceso reservado para el Coliseo, evitando las largas colas en la entrada.

La zona alrededor del Coliseo ofrece, asimismo, otras alternativas, como el Palatino, donde según la leyenda Rómulo mató a su hermano Remo y fundó la ciudad de Roma; el Foro Romano, que podéis ver en la imagen, centro comercial, civil y administrativo de la antigua ciudad; y los Foros Imperiales construidos por varios emperadores cuando el foro romano se quedó pequeño.

 

 

Por encima de los Foros se yergue majestuoso una de las siete colinas de Roma: el Capitolio, de gran importancia política y religiosa y que aún hoy conserva parte de su poder público, ya que es la sede dela Alcaldía de Roma.

Otro zona indispensable por el cual pasear, si se puede decir eso, es el barrio del Tridente, cuyo nombre proviene de un arma del mismo nombre formada por una lanza de tres puntas, porque desde la Plaza del Popolo, igual que si de un tridente se tratara, el barrio se divide entre avenidas: Vía di Ripetta, Vía del Babuino y Vía del Corso.

Grandes personajes, como los poetas Keats y Shelley, el famoso escritor alemán Johann Wolfgang Goethe, o el director cinematográfico Federico Fellini, han vivido en este barrio.
También las grandes marcas de lujo han encontrado en estas calles su sede natural y los que prefieren ir de tiendas podrán ver cumplido su deseo en esta zona ¡aunque tendrán que contar con una cartera muy abultada!

Protagonista absoluta de la zona es la Plaza de España, que atrae cada día a romanos y turistas que, sentados en la escalinata de Trinidad de los Montes, disfrutan de la vista sobre la plaza, la “Barcaccia” y las calles con boutiques. Y cuando la primavera se asoma ala Capital, la escalinata se decora con multitud de azaleas que le otorgan un aspecto de ensueño, tan sólo roto por la multitud de turistas tomándose un descanso, cada uno con su peculiar indumentaria turística.

Es evidente que Roma es mucho más, pero eso será para otro post, entre tanto pueden leer el fantástico artículo que escribió Beatriz Vega Álvarez en O2 Magazine.