Super consejo: si realmente dispones de poco tiempo o sencillamente no te gusta caminar, recomiendo el transporte público en cualquiera de sus variantes: aunque el tranvía es mi preferido, por vintage, retro, cómodo y rápido.
Comenzó pues el día y ¿qué hicimos? Dirigirnos hacia el puerto y coger un ferry que nos llevará a Bydgoy, en donde aluciné con las casas del «Norsk Folkemuseum», un museo al aire libre en donde puedes ver casas, granjas, graneros…  típicos de Noruega, la mayoría en madera. ¡Imposible perderse el museo de los barcos vikingos que está también en Bydgoy!

 


Paseamos y paseamos y disfruté con esas cosas tan normales para los noruegos y que son tan diferentes en otros lugares. Lo primero, los semáforos: tienen tres muñequitos: uno verde y dos rojos para confirmar al peatón que no cruce (si no es así que alguien me lo diga, que fue lo que me comentaron). Lo segundo, el ajetreo de las bicis: tienen unas de alquiler por toda la ciudad que son fantásticas, las coges en un punto y las dejas en otro, y está claro que tienen mucho éxito. Lo tercero es la cantidad de coches eléctricos, por lo que es normal ver a más de un coche enchufado en los estacionamientos preparados para ello, como si del móvil se tratara. Me tachareis de catetilla, pero que quieren que les diga, en mi ciudad no hay de eso y me da la sensación que esta gente en temas ecológicos, respeto por la naturaleza y demás, nos llevan unos siglos de ventaja.
Ya nuevamente en Oslo, que mejor que darse una vuelta por la zona medieval, cerca del ayuntamiento. En el Akershus, podremos disfrutar de unas vistas privilegiadas de los muelles de Oslo y si teneis suerte (yo la tuve) disfrutar con un atardecer de ensueño. No es raro, ver a muchos noruegos, acercarse allí para disfrutar ese momento en silencio.

 



Para los trasnochadores, el bar de hielo «Icebar Oslo», un sitio único, todo de hielo, incluso el vaso para las bebidas y bueno, me despido, que mañana tengo que madrugar y coger un vuelo para Bergen, para así comenzar la famosa «Ruta de los Fiordos».