¡Qué día tan maravilloso! Eso sí, corriendo, corriendo y cuando por fin me vengo a parar son las 12.30 de la noche, pero bueno, así se escriben las aventuras, con mil anécdotas y unos pies doloridos…
Si quieres asombrarte con un museo, recomiendo encarecidamente La galería Nacional de Oslo, un museo pequeño, pero con importantes obras, tanto de pintores nacionales, entre otros Much, como internacionales, de la talla de Van Goght, Cezanne, Pablo Picasso… Una maravilla! Recomiendo también su cafetería, tienen unas cosas buenísimas.

 

 

Pero si algo me dejo con la mandíbula desencajada fueron unas jornadas abiertas de la universidad para niños. Pequeñas carpas cada una de una facultad daban la bienvenida a todos los niños, con juegos, actividades… de medicina forense, microelectrónica, arqueología, historia… ¿puede haber algo más bonito que promover la educación desde pequeños? y así, podías ver a niños de 6 años, divirtiéndose, riéndose y aprendiendo a la vez. ¡Para que luego se diga que no se pueden hacer cosas!

 

 

Otro sitio interesantísimo  es pasear por la zona del Norsk Design -og Arkitektursenter (o sencillamente Doga), un centro de diseño y arquitectura muy interesante, en una zona más bohemia de la ciudad.
Ya al mediodía tuvimos que irnos de Oslo, pues comenzaba nuestra ruta de los fiordos. Para ello cogimos un avión a Bergen. ¿Sabían de la eficacia de los noruegos para el control en el aeropuerto? Las bandejas no tienes que estar cargárdolas, sino que salen por un lado, tu colocas las cosas y las recoges por el otro lado, y además super rápido.
Bueno, pues llegamos a Bergen y disfrutamos de sus famosas casas de Bryggen. Mañana os sigo contando más cosas, cuando lo vea de día…