¿Sabes esos días que te vas a la cama contenta por las maravillas que has visto? Pues hoy ha sido uno de esos. A primera hora de la mañana, visita al glaciar Nigardsbreen. Espectacular. Nos pilló todo el día lloviendo así que la mojada fue integral, pero mereció la pena. ¿La sensación en el glaciar? Cómo la de una hormiga metida en una tarrina de helado. Es una descripción un poco extraña, lo sé, pero ese fue mi primer pensamiento. El glaciar es tremendo, con un tono azul intenso que hipnotiza, al igual que el paisaje que se abre alrededor. En el centro se abre un gran río; es el agua que se ha ido derritiendo del glaciar y que se abre paso en un gran torrente. En algunos momentos puedes ver bloques de hielo que todavía sin terminar de derretirse se precipitan a las aguas turquesas del lago del glaciar. Todo un espectáculo.

 

 

En estos días ya les he hablado del agua en Noruega ¿no? Aquí, el agua es gratis, en muchas zonas conectan las tuberías directamente a las cataratas que hay por todas partes, le ponen un filtro y voilá, a beber agua buenísima de esas que en otras partes te cobran un riñón por una botellita.
Definitivamente, creo que el país debería rebautizarse como el país de las cataratas, a cada lado de la carretera que mires, siempre hay un par de ellas, espectaculares, con caídas de infarto y con un ruido ensordecedor, además a partir de ellas se genera energía. En invierno muchas se congelan, así que se pueden escalar. Vamos, que además estos noruegos le sacan el jugo a las cosas que tienen, y encima las conservan, las cuidan y las miman.

 

 

Y volviendo a la ruta, si vas en coche, imposible perderse la carretera turística nacional de Sognefjellet, ¡alucinante!, El ruido de las cascadas, la calma del lago, y en nuestro caso la lluvia que no paraba, le dio al sitio un halo mágico, con arco iris incluido, que nos dejó con la boca abierta. Al final de la ruta, camino a Geiranger, me encontré con una panorámica de este pueblo. La verdad que no sé como se llama, pero os podeis hacer una idea de la magnitud de los espacios y lo idílico del lugar. ¿No es espectacular?