© Turismo de Ecuador

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Sin duda, hay formas muy diversas para descubrir una ciudad: visitar sus museos y monumentos, hacer una parada en aquellos lugares donde se escribió su historia, disfrutar de su gastronomía tradicional, asistir a los eventos que tienen lugar a lo largo del año o, simplemente, pasear por sus calles. Y es precisamente en las calles de su Centro Histórico, donde el visitante encuentra un Quito que está vivo, que mantiene la esencia de una ciudad tradicional y que puede descubrirse a través de una decena de oficios que evocan tiempos pasados.

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Así, el Centro Histórico monumental y que le ha valido a Quito el ser declarada Primer Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, alberga también un patrimonio inmaterial que está abierto a todo el visitante que, recorriendo sus calles, quiere relacionarse con sus gentes y descubrir sus tradiciones más arraigadas conversando con artesanos y otros personajes que tienen mucho que contar.

  • Las colaciones de maní de la Cruz Verde: Luis Banda heredó de su padre la tradición de elaborar este dulce quiteño que es un placer para los sentidos gracias a su aroma y a su delicioso sabor. Y es en un pequeño local del Barrio de San Roque, en una paila de 100 años, donde Luis, pacientemente y con cariño, mezcla al calor de la brasa el azúcar, el maní, las esencias y el limón. El resultado, ¡delicioso!
  • Los secretos de las hierbas: En la plaza de Santa Clara, entre Cuenca y Benalcázar, encontramos a Emma Lagla. Ella identifica dolencias y males y descifra su cura con hierbas y flores naturales. Su don le viene de familia. No en vano es la cuarta generación que pone en práctica este singular don. A Emma no se le resisten las malas energías, el mal de ojo, los nervios… las hierbas son sus aliadas.
  • Restauraciones Carrión: En el barrio de San Roque se encuentra este taller especializado en la restauración de imágenes religiosas. Sus inicios se encuentran hace 65 años, cuando Alfredo Carrión comenzó con a practicar la técnica del encarne para restaurar estas imágenes, labor que ahora continúa su hija Rocío. Incluso aquellas personas que tienen cicatrices y heridas en la piel acuden a ella para disimularlas con el emplasto de encarne.
  • Sombreros con historia: El negocio regentado por Luz y su marido Segundo Ocaña está dedicado a los sombreros de paño. Ella conoce el oficio desde los ocho años, y él es maestro artesano de la confección. Personajes importantes de Quito, como el expresidente Velasco Ibarra o la célebre Anita Bermeo “La Torera” (una habitante de la calle que era conocida por los elegantes trajes que vestía) han lucido sus creaciones. Hoy, sus sombreros se han convertido en un souvenir con mucho estilo.
  • Los helados de San Agustín: Corría el año 1895 cuando la Heladería de San Agustín abría sus puertas, convirtiéndose en punto de encuentro para burócratas, intelectuales y políticos. El helado de paila se ha convertido en un referente. Elaborado en una paila de bronce con jugo de fruta fresca magistralmente batido, este helado es un auténtico manjar.
  • Los sombreros de La Ronda: Luis López lidera la tercera generación de sombrereros de su familia, que se inició en los años 40 en Quito y que está presente en el local de la calle La Ronda llamado “Humacatama” (que significa “cabeza cubierta”. Don Luis también confecciona trajes de la época colonial. El visitante de su tienda puede lucirlos y fotografiarse con ellos para llevarse un recuerdo de Quito.
  • La Clínica de Pianos: Son pocos los artesanos en Quito capaces de reparar pianos antiguos. Uno de ellos es Huberto Santacruz, quien fuera un famoso pianista ecuatoriano. En su local en La Ronda recibe al visitante con melodías ecuatorianas y contando historias que nos transportan a otros tiempos y en las que los protagonistas son todos esos pianos que él ha devuelto a la vida.
  • El Manto Sagrado: Rosalía Chilaguano heredó este arte de su madre y de su abuela, y lleva sesenta años confeccionando ajuares sacros, bordados y decorados con la técnica del aplique. Ella misma diseña estos mini-atuendos que visten a niños dioses y otras imágenes religiosas que son típicas en los hogares más católicos.
  • De la madera, un mundo: Jorge Rivadeneira heredó el oficio de padre, quien diseñó un torno de madera impulsado con fuerza humana ya que en aquel entonces no había electricidad en Quito. Trompos, perinolas y tableros de dibujo son su especialidad. De hecho, este artesano ganó el campeonato mundial de trompos y ha creado 38 formas de hacerlo bailar.
  • La lana y el hilo no tienen límites: Yolanda Subía y su hermana heredaron de su madre el arte del tejido y los bordados. La matriarca, a sus 76 años, continúa guiando el trabajo de sus hijas, cuidando que la nueva generación mantenga la delicadeza y la belleza de las confecciones realizadas en hilo y lana. La continuidad está asegurada, con prendas de estilo tradicional y con creaciones propias.
  • Un tambor de hojalata: 56 años lleva trabajando la hojalata Humberto Silva. El arte de dar forma al metal lo heredó de su padre y hoy es posible ver sus creaciones en su local de La Ronda. Ollas y juguetes de hojalata se han convertido en un preciado recuerdo de Quito.

 

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