Al rico desayuno noruego, que no todo es caminar, y ver monumentos. Así que para comenzar el día nada mejor que un abundante y buenísimo desayuno. Éste es en Gudvangen Fjordtel. ¿Qué es lo que más me gustó? Pues la verdad que todo estaba buenísimo. Quizás lo más típico eran los arenques con cebolla, que en una rodaja de pan todavía caliente y pepino por encima estaban para morirse. ¿Qué porqué los pepinos? Estos últimos días me he percatado que los noruegos le ponen a todos sus sadwiches pepino, y la verdad, le da un punto de frescura interesante.

 

Así que una vez cargadas las pilas, nada mejor que comenzar el día viendo la aldea vikinga que se encuentra en la misma Gudvangen. Un proyecto que se ha venido desarrollando desde hace algunos años, pero que ha sido éste cuando se ha abierto al público: con cabañas típicas, gastronomía, juegos… Un espectáculo super interesante, con «unos vikingos» encantadores.

 

De allí nos dirijimos hacía el mirador Stegastein, sin antes alucinar con los diferentes pueblos y espacios naturales que te encuentras por el camino. El mirador, hiper moderno, destaca no sólo por sus excepcionales vistas, sino por su diseño, de madera y cristal.
Seguimos nuestra ruta hacia Gjerde, pasando por el túnel más largo del mundo ¡24,5 km! En diferentes tramos tienen un espacio de otro color para que el conductor no se canse de la monotomía del tunel. ¡Es que estos noruegos piensan en todo!
Y llegamos ya por la noche a Gjerde, no sin antes seguir alucinando con la belleza de los paisajes y desear con todas nuestra ganas que los días sean más largos para seguir viendo cosas.